En la segunda década del siglo XX y
con el avance de la globalización comenzaron a
surgir nuevos actores a nivel internacional que en varias ocasiones
llegan a competir con los Estados en cuanto a poder y riqueza. Estamos hablando
de las ONGs, que junto a las empresas multinacionales se consolidaron como
partes gravitantes de las relaciones internacionales.
El caso que queremos analizar aquí,
se me planteó luego de observar la nueva campaña de publicidad de Greenpeace
Argentina de “No transamos con nadie”,
dedicada a gobiernos y corporaciones. Vamos a aprovechar este ejemplo para
demostrar uno de los tantos roles que estas entidades pueden ejercer en el
escenario internacional.
Como ya sabemos, Greenpeace es una
organización no gubernamental ecologista creada a principios de los ’70 en
Canadá con el fin de proteger y defender el medio ambiente (uno de los nuevos
temas de la agenda internacional). Busca cumplir con estos propósitos mediante
campañas mediáticas y acciones concretas. Pero uno de los puntos que más nos
interesa es la cuestión de la financiación. La organización cuenta con presencia
en más de 41 países y múltiples oficinas ocupadas por una gran cantidad de
empleados y un número aún más grande de voluntarios. Sostiene toda esta
infraestructura (a la que se le suma una flota entera de barcos) con aportes voluntarios
de individuos, rechazando supuestamente las donaciones provenientes de sectores
políticos y empresariales. Escribimos supuestamente porque está comprobado que
gran cantidad de los millones que maneja la organización anualmente provienen de
grandes empresas multinacionales a través de sus fundaciones asociadas, gran
ejemplo: la Rockefeller Brothers Fund., vinculado al sector petrolero con la
Standard Oil.[1]
Siguiendo en el rubro petrolero, en el 2000 Greenpeace sorprendió con la
adquisición de acciones de la Shell[2],
justificando esta medida como una estrategia para influir en la toma de
decisiones de la multinacional.
Así como es el caso de las
petroleras, se sospecha que muchas otras empresas y gobiernos “auspicien” las
acciones de Greenpeace. Es así como llegamos otra vez a la vinculación con la
Argentina.
Nuevamente en el año 2000, el gobierno
australiano confirmó que la Argentina, a través de su empresa estatal INVAP
(Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado), se impuso en una licitación
por la construcción e instalación de un reactor nuclear destinado a la
investigación médica.[3] Esto
marcó un hito para la industria de alta tecnología argentina al ser la
exportación con mayor valor realizada hasta el momento, aproximadamente 180 millones
de USD. Hecho que queda magnificado aún más por haber vencido en la licitación a
propuestas de empresas importantes como Siemens AG de Alemania y Technicatom de
Francia.
El hecho fue duramente criticado por
Greenpeace, llegando a alegar que se generaría basurales radioactivos en la
República (hecho que no era cierta y que quedaba expuesto en el plan de trabajo
aprobado entre Australia y la Argentina) y que se atentaría contra el futuro de
la nación. La campaña mediática fue de gran envergadura y se involucró a
personalidades locales (Pergolini, Lanata, Darín etc.). Pese a estos intentos
por boicotear la exportación, el Senado ratificó el acuerdo.
De haberse incumplido el contrato,
se hubiese asestado un duro golpe a la industria de alta tecnología nacional al
perder credibilidad a nivel internacional, sumado al hecho de dejar pasar la
posibilidad de afirmarse dentro de los países punta en cuestiones de energía nuclear.
En un comunicado en el 2002 Greenpeace llegó a afirmar que buscaba “esterilizar”
el INVAP.[4]
Es difícil no pensar que así como
muchas petroleras son indirectamente patrocinadoras de las campañas de esta
ONG, muchas otras multinacionales dedicadas también al rubro energético no lo
sean. En este caso, tanto para Technicatom como Siemens, 180 millones de dólares
no eran una cifra significante. El problema para ellos se radicaba en la
posibilidad del surgimiento y crecimiento de nueva competencia.
Es interesante ver como esta
organización ataca casi siempre blancos de esta índole en países que no son líderes
en la materia. Poco se habla de las termoeléctricas contaminantes en el Reino
Unido, claro, pueden ser potenciales financistas.
Los hechos aquí presentados son
fruto de una pequeña investigación y tienen una gran parte de conjetura propia,
pero creemos que los datos coinciden para poder afirmar que Greenpeace ocupa
una posición estratégica en el escenario mundial, sirviendo como agente publicitarios
de los intereses de gobiernos y empresas que tengan el capital para
contratarlos.
[4]
Cabe mencionar que todo el proyecto se encontró bajo la vigilancia de la OIEA y
con el cumplimiento de los máximos estándares de calidad y seguridad.

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